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martes, 19 de junio de 2012

Los restos de un “vampiro” búlgaro muestra el origen pagano de la leyenda



Parece ser que la verdad sobre el mito del vampiro está muy lejos de lo que nos ha mostrado la leyenda romántica. Así, ha podido quedar patente en tierras búlgaras, dónde se ha encontrado una tumba de lo que se cree que fue un “bebedor de sangre” ha revelado su vinculación con otras costumbres paganas, de origen precristiano, de la zona de los Balcanes. El descubrimiento, que tuvo lugar hace unos días, muy cerca de un monasterio, que se construyó durante la Edad Media, en la pequeña localidad de Sozopol, que se levantó a las orillas del Mar Negro, que nos muestra a un hombre que había sido enterrado, con un hierro clavado en el corazón, según ha explicado el director del Museo Nacional de Historia, Bozhidar Dimitrov. El muerto, del que no se sabe la identidad, el origen o el rango que tenía, en la sociedad en la que vivía, tenía clavado en su pecho una pieza de un arado de hierro. Este descubrimiento, que se ha datado, según los primeros estudios, durante el siglo VIII o IX, ha revelado la costumbre pagana que existía, en ese momento, entre los cristianos, de aquella época, y que era atravesar el corazón, de algunas personas fallecidas, con una hoja metálica, para que no volviesen de entre los muertos, para evitar que se convirtieran en un vampiro.
Foto: fuente

sábado, 29 de octubre de 2011

La leyenda negra de Vlad Tepes


Vlad Tepes era el ápodo de Vlad Dracul. La misma provenía por su gusto por la táctica del empalamiento, una cruel táctica de tortura, que llevaba a la muerte a las víctimas. ¿Cómo se realizaba? Muy fácil, se introducía un palo, que medía 3,50 metros de longitud, por el recto. Tras esto, se fijaba a la carne con la ayuda de un clavo y, después, se levantaba a la víctima, para que muriese de esta forma tan cruel. Se piensa que, de esta manera, murieron entre 40.000 y 100.000 personas, de esta forma tan cruel de tortura, a manos de los miembros del circulo del Empalador, a lo largo de los 7 años que duró su reinado. Entre ellos, delincuentes de todo tipo, enemigos o personas que le habían traicionado. Vlad odiaba, sobre cualquier cosa, el adulterio, las mentiras, la falsedad, los robos y, pasara lo que pasara, no perdonaba a nadie. Incluso, cuanto mayor era el rango del culpable, mayor era el castigo al que debía hacer frente. En el tiempo en el que vivió logró terminar con los boyardos decadentes. Nikolaus Modrussa, un delegado papal, que vivía en al corte húngara, lo llegó a descubrir como: “No era muy alto, pero sí corpulento y musculoso. Su apariencia era fría e inspiraba cierto espanto. Tenía la nariz aguileña, fosas nasales dilatadas, un rostro rojizo y delgado y unas pestañas muy largas que daban sombra a unos grandes ojos grises y bien abiertos; las cejas negras y tupidas le daban aspecto amenazador. Llevaba bigote, y sus pómulos sobresalientes hacían que su rostro pareciera aún más enérgico. Una cerviz de toro le ceñía la cabeza, de la que colgaba sobre unas anchas espaldas una ensortijada melena negra”.
Foto: fuente