domingo, 22 de abril de 2012

Vampiro y literatura (V)



En el año 1797, Johann Wolfgang Goethe publica La Novia de Corinto, que es una expresión del conflicto que existía entre el paganismo y el cristianismo. Los familiares de una mujer muerta, en la historia, son cristianos, mientras que el joven y sus parientes son paganos. Para poder escribir su historia Johann Goethe se basó en un episodio, que formaba parte del “Libro de los Prodigios” de Flegón de Tralles, que fue un autor griego del siglo I d. C, donde se trataba la historia de Filinea, una preciosa joven que, un tiempo después de haber sido enterrada, fue sorprendida en la cama de un extranjero, que se llamaba Macates. En la versión, que escribió Goethe, presenta ciertos puntos de contacto con el argumento de “La religiosa” de Diderot, que fue publicada en el año 1796, la chica joven de pena, ya que sus padres no le dejan que se case y quieren encerrarla en un convento, como solía suceder en aquella época. Para poder vengar la felicidad, que le habían quitado, decide abandonar por las noches el sepulcro, presentarse en la habitación de su amado y, tras hacer el amor con él, como nunca lo había hecho en vida, lo convierte en vampiro. Cuando la descubren, la muchacha vuelve a la muerte y sus parientes logran romper la maldición, quemando su cuerpo fuera de las murallas de su ciudad.
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Vampiro y literatura (IV)



Estas primeras baladas suelen tener una temática amorosa y nos encontramos con personas que regresan de la tumba, para poder visitar a sus seres queridos y provocarles la ruina, de una manera u otra. No nos encontramos con un “contagio” vampírico como una magia póstuma, sino que viene producida por unas maldiciones o juramentos, que no se llegaron a cumplir, los que han provocado la aparición de los no muertos. En cierta manera, se trata de una gran influencia por parte de “la Danza de la Muerte” medieval, en la que vienen a buscar a personas vivas, sin tener en cuenta, ni su situación, ni su posición en la sociedad, de la época. Después, aparece Gottfried August Burger, el creador de la famosa “balada artística” alemana, que es uno de los ejemplos más importantes y relevantes del movimiento conocido como Sturm and Drang, quien va a realizar el primer tratamiento literario sobre la superstición del vampirismo. En Lenore, el poeta que se publicó en el año 1773, trata la historia de una joven que, al terminar la Guerra de los Siete Años, se angustia al no tener noticias de su amado y en su desesperación, toma la decisión de renegar de la Providencia. En plena medianoche, su puerta es golpeada por un caballero. Lenore desciende y reconoce a su novio, Wilhelm, que viene a buscarla, para poder casarse con ella. Él la sienta en la grupa de su caballo y los dos amantes galopan, de una manera vertiginosa y loca, a la luz de la luna.
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Vampiro y literatura (III)



Pero, más allá de la superstición popular, sobre lo que era un vampiro, nos encontramos con las tradiciones folclóricas, que nos encontramos en Europa Occidental, donde había un ambiente, muy propicio, que favorecía que la leyenda se perpetuase. Nos encontramos con baladas y canciones, que eran anónimas, que ya evocaban sus hazañas en las tierras de los países de Europa Oriental, cuando la histórica revista científica alemana Der Naturfoscher, que era editada en Leipzig, por parte de Christlob Mylius, que logró consagrar, en el año 1748, en un número, al fenómeno que se conocía como “vampirismo” y que publicó, al lado de una traducción de la “Carta 125” de Marqués d´Argenes, un poema, en lengua alemana, de Heinrich August Ossenfelder, que es considerado, hoy en día, el primer texto literario, que lograba abordar el tema de los vampiros, pero dentro de los cánones de la poesía popular. Eso sí, el vampiro no buscaba referirse, en todo caso, la historia de ningún muerto viviente, sino la de un valiente amante que, tras haber sido rechazado por una joven muy piadosa, la amenaza, de una manera muy pícara, con convertirla en un vampiro, como ha hecho con los campesinos de Hungría y vengarse de su amada, visitando su habitación, por la noche, para poder demostrarle que su amor era mucho más fuerte que las enseñanzas cristianas, que había recibido por parte de su madre.
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Vampiro y literatura (II)



Si hablamos de la figura del vampiro, en el arte de la literatura, no podemos olvidarnos de Carmilla (1872) de Sheridan Le Fanu, que fue muy influyente, dentro del género, así como para poder perfilar lo que es la imagen del vampiro gótico. Pero, sin duda, la gran obra maestra y la obra más completa, dentro del género, es Drácula de Bram Stoker (1897). A partir del siglo XX, las historias de vampiros se hicieron muy populares, se fueron diversificando. Incluso, se fueron aportando nuevos elementos, entre los cuales nos encontramos con algunos, que son de otros géneros, como son las novelas de suspense, ciencia ficción, fantasía y otro tipo de géneros, que eran mucho menos habituales. No sólo nos encontramos con las tradicionales criaturas no muertas, que eran bebedoras de sangre, el vampirismo fue extendiéndose, hasta llegar a otros seres como son los alienígenas o, en algunos casos, en animales. En algunas obras, los “vampiros” de ficción se llegan a alimentar de energía vital, que reemplaza la función de la sangre. La literatura del vampiro hunde sus raíces en la histórica “fiebre del vampirismo” que se vivía en Europa, durante los primeros años del siglo XVIII, sobre todo, en el período entre 1720- 1740. En varios ámbitos, se empiezan a circular historias bastante extrañas, sobre exhumaciones de vampiros, ante testigos académicos y jurídicos, que buscan confirmar, en distintos lugares de Europa Occidental, como fueron Peter Plogojowitz y Arnold Paole, en tierras serbias, a lo largo de los años de gobierno de la dinastía de los Habsburgo.
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Vampiro y literatura



Un vampiro, según se indica en varias tradiciones o culturas, en distintos países, es una criatura que se alimenta de la esencia vital, que tienen los seres vivos (normalmente, aparece en forma de la sangre) para poder mantenerse activo. Incluso, en algunas culturas orientales y americanas aborígenes, el vampiro es un dios demoníaco o un dios menor, que forma parte del panteón siniestro, que forma parte de las mitologías. Mientras, en la cultura europea y occidental, como en la mayor parte de la cultura mundial contemporánea, el prototipo de lo que es un vampiro, que es más popular, posee un origen eslavo: el de un ser humano que se ha convertido, tras haber muerto, en un cadáver activo o en un reviniente depredador, habido por chupar sangre.
La presencia de los vampiros en el arte de la literatura ha abarcado un campo literario, que está centrado al rededor de la figura del vampiro y los elementos, que están asociados a los mismos, con distintas variantes. Aunque, en la literatura, nos encontramos con figuras y personajes vampíricos, con rasgos diversos, al cultura oral y la literatura, desde bien antiguo, nos muestra lo siguiente: la primera vez que encontramos el vampiro moderno es en las baladas góticas del siglo XVIII, después, saltó al campo de la novela con The Vampyre de Polidori (1819) y, después, se hizo muy popular como figura de los relatos de terror.
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miércoles, 18 de abril de 2012

Bram Stoker, el padre de Drácula (III)


Una imagen que se hizo épica fue: Lugosi abriéndose la capa y volviéndose a la cámara, con su fascinante mirada de galán diabólico. Pero, Bram Stoker no llegó a ver ninguna de estas películas. No llegó a ver el éxito del personaje que creó. El autor irlandés falleció hace 100 años, el 20 de abril del año 1012. Murió en unas condiciones económicas, que no eran muy positivas y envuelto en un decadencia, en su vida personal. Los tiempos en los que les tocó vivir, no fueron los mejores para los derechos de autor. La leyenda, que le rodea, dice que estaba enfermo de sífilis y que pasó, los últimos días de su vida, sumido en el delirio, señalando, lleno de terror, una esquina de su habitación y repitiendo, una y otra vez, la palabra “strigol”, que, en lengua rumana, significa “vampiro”. También, hay quien piensa que Stoker falleció a causa de un infarto y no era muy sensato pensar que recibió algún tipo de visita, por parte de algún enviado de los Cárpatos. Incluso, llegó a tener mala suerte a la hora de morir. Y, es que falleció cinco días después del hundimiento del Titanic y todos los medios de comunicación estaban centrados en esta tragedia, por lo que su muerte pasó a un segundo plano, a que su muerte apareciese en las zonas menos visibles, en los periódicos.
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Bram Stoker, el padre de Drácula (II)


Cuando se publicó “Drácula” tuvo unas grandes críticas, siendo comparados con los relatos de Poe y con un clásico de la literatura, “Cumbres borrascosas”. Incluso, Arthur Conan Doyle llegó a escribir una carta, muy entusiasta, al autor de esta novela: «Es la mejor historia de 'diabolismo' que he leído en mucho tiempo». Pasaron dos años, hasta que “Drácula” se publicó en Estados Unidos y su éxito se inició, se empezó a vender en grandes proporciones. Algo muy poco frecuente, en esa época: la novela llegó a vender un millón de ejemplares. Pero, la novela no acabó de lograr el peso simbólico, que tiene hoy en día. Al principio, podríamos decir que era un “best- seller” de horro, del estilo gótico; o sea, un éxito de uno de los estilos que mejor se vendían, entre el público, en esa época. Pero, no había nada que se hiciera pensar que Drácula fuera a convertirse en toda una fundación. Casi todos los especialistas coinciden en que el mito de Drácula empezó a nacer, cuando el mito de Drácula dio el salto a la gran pantalla. En el año 1922, Murnau realizó “Nosferatu”, una increíble adaptación de la novela de Stoker, que se caracterizó por ser solapada y haber sido realizada al milímetro. En el año 1931, Tod Browning llegó a ofrecerle el papel del vampiro a un actor desconocido, hasta ese momento: el célebre Bela Lugosi. Entonces, el personaje creado por Bram Stoker empezó a ser icono, de gran relevancia, que conocemos, hoy en día.
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