lunes, 9 de julio de 2012

La presencia de los vampiros, en la literatura gallega (VI)



En el prólogo de esta serie de relato, se apela al recurso del hallazgo, por el sepulturero, de las memorias del esqueleto, cuyo cráneo va a conservar “aquel ollo de vidro que de nada me servira na vida sírveme agora pra mirar”. Después, a lo largo de todo el relato, vamos a descubrir los aspectos azarosos e insospechados que van a ocultar los personajes, en un mundo que es tenebroso y lleno de mezquindad, que le va a servir al autor, para poder defender a la lengua gallega y una crítica social sobre la emigración y del comportamiento caciquil. "Quixen saber quen fora o vampiro nos mundos dos homes [€] Fora un canalla que roubara para dar regalía ó seu bandullo de porco, dono da xustiza, roubaba desde a súa confortable casa. ¿Para que dicir máis? Era€, ¡era un cacique!". Las historias de este libro son el mejor reflejo de la interpretación característica que llevaba a cabo Castelao sobre el humorismo, que no estaba exento de realismo expresionista, con muchos toques impresionistas.
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La presencia de los vampiros, en la literatura gallega (V)



En el año 1922, nos encontramos con la obra de Alfonso Daniel Rodríguez Castelao (1886-1950) que publicó un texto en prosa, Un ollo de vidro. Memorias dun esqueleto, que fue editado por Editorial Céltiga de Ferrol -que es el número 7 de su colección de novelas breves, con una preciosa portada y con seis litografías, que han sido diseñadas por el propio escritor que, al mismo tiempo, dibujó el propio cartel publicitario-. La obra trata un relato de vampiros, que va a satirizar sobre los tunantes resultantes de la vida, desde la ultratumba. Con un tono humorístico y usando un agudo contraste entre la risa y el dolor, el vampiro de Castelao es un gran símbolo de la codicia en la figura de un cacique que, después de muerto, se sigue alimentando de la miseria de las personas vivas. La estructura de la obra es una serie de relatos, que se organizan como si fuera una secuencia, que son el resultado de una conversación entre un narrador, un esqueleto que nos va a recordar a su vida pasada, y otros esqueletos compañeros del propio cementerio, de los que sólo habla gallego, el cadáver de un inglés, que acaba convirtiéndose en su mejor amigo.
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La presencia de los vampiros, en la literatura gallega (IV)



Nos encontramos con la historia de un galán viejo y muy achacoso, pero que está lleno de caudales, que es don Fortunato Gayoso, que busca casarse con una jovencita, que tan solo tiene 15 años de edad, Inesiña, a la que quiere robarle la juventud -a través del cambio de su aliento sepulcral de viejo por el vaho vital de la chica joven, tal como le había señalado un curandero, de origen inglés-. La chica decide aceptar, animada por su tío, que era el cura de Gondelle, en la confianza de que el viejo va a durar muy poco tiempo y podría llegar a recibir una valiosa herencia. Pero, en contra de lo que todo el mundo esperaba, don Fortunato, tras la boda, está cada vez más joven, ya que está sustrayendo la propia vitalidad de Inesiña, al mismo tiempo que ella se va marchitándo y va a morir, sin llegar a cumplir los 20 años de edad. El viejo está tan recuperado, que decide buscar a otra joven chica, aunque todo esto va a provocar que los vecinos del pueblo se empiecen a alertar, ante todo lo que está sucediendo. El cuento es muy bueno y lleno de ironía, al mismo tiempo que va a suponer la primera conexión gallega, dentro del género de la literatura de ficción, con el mito del vampiro.
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¿Qué es un Draugr?



Un Draugr o Draug es una criatura, que está clasificada como un muerto, dentro de la mitología nórdica. En ella, también, se conoce como aptrgangr, que se podría traducir, de manera literal, como “el que camina de nuevo” o “el que camina después de la muerte”). El significado de su nombre, que, en su origen, es una palabra noruega, es fantasma. Aunque, fue en la literatura medieval, donde se empieza a diferenciar entre los draug-del mar y los draug- terrestres. Los escandinavos, de la época contemporánea, pensaban que habitaban en las tumbas de los guerreros vikingos, empleando los cuerpos de los difuntos. Como los sepulcros de los hombres más importantes solían tener grandes riquezas, los draugr solían guardar, con mucho celo, dichos tesoros, incluso, tras su muerte. El cognado, en la lengua inglesa antigua, era dréag – o sea, se podría traducir como “aparición, fantasma”-. La palabra del gaélico dréag o driug posee el significado de “portento, meteoro”, va a proceder del inglés antiguo o de la lengua nórdica más antigua. Entre las características que tienen los draugar tenemos una fuerza sobrenatural, que hace que puedan aumentar de tamaño, cuando quieran y , con ellos, llevan un hedor inconfundible, ya que muestra la decandencia que llevan consigo.
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La presencia de los vampiros, en la literatura gallega (III)



Fue a mediados del siglo XIX, cuando el Realismo narrativo desembocó, a través de la obra de Zola, en el movimiento naturalista, que es un método empírico de llevar a cabo el análisis de la sociedad, exhibir todos y cada uno de sus defectos y corregirlos. En la Literatura Española, su representante más importante fue Emilia Pardo Bazán (1851- 1921), aunque su naturalismo se haya mantenido moderado por su ideario basado en el cristianismo, hasta llegar al punto de que, en algunas de sus creaciones, no aparece por ninguna parte. Es lo que sucede en su entretenido relato, de extensión corta, El vampiro, que se publicó, en el año 1901, en el que se muestra un problema social, que ya fue denunciado un siglo antes, por parte de Moratín: el matrimonio de conveniencia entre un hombre viejo y una muchacha joven. Pero, gracias a la genialidad, a la hora de escribir, que la Condesa Pardo Bazán se adelantó a la sociedad, que le tocó vivir, relatándonos lo que se conoce como historia gótica, aunque el protagonismo no es un seductor bebedor de sangre de las personas cercanas, sino un individuo que absorbe la energía y la vitalidad.
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La presencia de los vampiros, en la literatura gallega (II)



Durante el siglo XVIII, nos encontramos que en Europa se produjo una polémica, que no tenía procedentes, sobre la existencia real de los vampiros, de la que se llegó a hacer eco el propio Padre Feijoo, en una de las Cartas eruditas y curiosas (1742- 1760). La polémica tenía su base en la revelación del vampiro como arquetipo, ya que representa la otredad, el lado monstruoso de la naturaleza, el peligro del barbarismo que nos encontramos en Europa del Este y la amenaza de las supercherías de las personas que provenían de esta parte del mundo, cuya influencia se estaba extendiendo por todo el mundo, como si fuera una plaga incontrolada. En la Carta XX, el erudito, originario de Ourense, logró desmontar las diversas teorías expuestas por el benedictino Calmet, de manera inicial, en el año 1749 y, después, volverían a exponerse en el año 1751, en su Tratado sobre las apariciones de los espíritus y sobre los vampiros. Pero, aunque el Padre Feijoo llega a explorar las tensiones y las ansiedades del discurso de la razón ilustrada y termina calificando estos relatos de vampiros como si fueran “patrañas”, su análisis nos va a remitir, de manera continua, a Oriente, la alineación, la fuerza de la imaginación y la literatura, que van a ser un ejemplo, de como se lleva a cabo el debate contra la oscuridad, en medio del reinado de la Razón.
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La presencia de los vampiros, en la literatura gallega



La cultura gallega ha aportado unas interesantes combinaciones literarias, sobre el mito del vampirismo, de la mano de autores tan importantes como han sido el Padre Feijoo, Castelao, Wenceslao Fernández Flórez o Emilia Pardo Bazán. A causa del centenario de Bram Stoker (1847- 1912), la Fundación Luis Seoane de A Coruña muestra, hoy en día, la exposición Drácula, un monstruo sin reflejo, donde se centra tanto en la figura del escritor irlandés y su obra literaria más importante, Drácula, como pueden ser sus orígenes y su influencia posterior en todos y cada uno de los ámbitos culturales, desde los sectores más ilustrados a los más populares. Las interpretaciones que se han dado, sobre estos seres que fascinan a todo el mundo, han sido muy diversas, si bien se puede decir que la evolución, en términos generales, de la literatura de vampiros ha ido hacia su humanización, de manera progresiva, pasando de ser unos monstruos cadavéricos animados, a ser seres con rasgos más humanos y que están cargados de emociones. Dicha evolución se puede ver en la literatura de Galicia, cuyas aportaciones al tema del vampirismo, con diversos significados, son bastante variadas.
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