jueves, 12 de abril de 2012

El vampirismo


Cuando hablamos del vampirismo clínico, estamos hablando de un trastorno mental, que está caracterizado por la excitación sexual, que está asociado por la necesidad compulsiva de ver, sentir o beber la sangre, existiendo o o, el autoengaño de creer que se es un vampiro. Este trastorno se caracteriza por una serie de sinónimos, dentro del mundo de la medicina:
-Síndrome de Renfield: este nombre se eligió como referencia al personaje enfermo mental y que era un siervo de Drácula, en la famosa novela de Bram Stoker. Hay que recordar que estamos hablando de un comedor compulsivo de moscar y arañas, para poder absorber su fuerza vital.
-Hematodixia y hematodipsia: son términos que se usan, sobretodo, dentro de la comunidad científica o médica, que han sido acuñados y se usan en muchas publicaciones de periodismo pseudocientífico.
-Sanguinarius: es un término que se emplea, de manera fundamental, por parte de los grupos anglosajones, para hablar de personas que practican el vampirismo, no desde la violencia o como una práctica criminal, sino dentro de un contexto de subcultura.
El vampirismo es una clase de parafilia que es poco común, ya que algunos autores la consideran una variación de la necrofilia. Incluso, una práctica de sadismo, ya que algunos individuos chupan la sangre de las heridas que provocan en sus víctimas, en medio de un arrebato sexual. Entonces, también, se puede considerar como una clase de Fetichismo sexual, pues la excitación erótica se encuentra en la facilidad el lograr del orgasmo a través de una sustancia o parte del cuerpo, en particular. En este caso, el fetiche sería la sangre.
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El vampirismo y las enfermedades psiquiátricas


A lo largo de la historia, nos encontramos con diferentes casos documentados, de personas que sentían verdadera atracción por la sangre, lo que hacía que sus conductas se confundieran con las de un vampiro. La compulsión que lo caracterizan sólo se podían explicar, desde un punto psiquiátrico, al no encontrarse un sustrato infeccioso o somático, como en las enfermedades que hemos tratado en otros artículos. La mayoría de los diagnósticos, por parte de los psiquiatras forenses y expertos en criminalistica, eran psicosis y esquizofrenia; a la hora de explicar la conducta vampírica de personajes históricos, que no fueron mitos, sino reales. En la mayoría de los casos, nos encontramos con asesinos en serie, como fue el caballero Gilles de Rais o la condesa Erzsébet Báthory o criminales más contemporáneos. Pero, en los últimos tiempos, hay nuevas propuestas de clasificación, de una serie de transtornos mentales, que están relacionados con la sexualidad o de las parafilias, que hacen que el vampirismo tenga una categoría particular, deslindando y diferenciando este tipo de transtornos, con otro tipo de filias, como son la necrofilia o el sadismo, para poder explicar y describir mejor este tipo de conductas criminales, que estaban motivadas por el placer libidinoso, que estaban derivados por la visión, por el contacto o la bebida de sangre de sus víctimas.
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La porfiria y el vampirismo (V)


Y, terminamos con la última característica de la enfermedad de la porfiria.
Es cierto que la porfiria no va a explicar las epidemias de vampiro, pero se suele asociar con el mito, a causa de su prevalencia entre grupos poblacionales, que son cerrados; o, entre familias endogámicas, a causa de su mecanismo de transmisión genética, que se basan en el derecho de pernada, que era muy frecuente dentro de las sociedades feudales, lo cual provocaba que se transmitiese el material genético del noble señor feudal, que estaba afectado de porfiria, a las familias de sus siervos o del pueblo llano, lo que provocaba varios casos, en el mismo periodo y con bastante frecuencia y que era la explicación de la prevalencia en el entorno familiar del supuesto vampiro. Pero, también, entre las diversas variedades de la porfiria (sobretodo, en el caso de la aguda intermitente, variegata y coproporfiria) se podría desencadenar una crisis, a causa de la ingesta de alcohol o por sufrir un estrés intenso , lo que llevaría a confundirse con el vampirismo, dentro del mundo de las supersticiones y entre las poblaciones crédulas, sobre la existencia de los vampiros.
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La porfiria y el vampirismo (IV)


Continuamos con algunos de los signos de la enfermedad de la porfiria, que hacía que se confundiera con el vampirismo. Así, tenemos otras características:
→ Sufrir intolerancia al ajo. Esta hortaliza, que es un elemento clásico a la hora de destruir a los vampiros, para poder ahuyentarlos, que se suele usar desde antiguo, ya que, siempre, se le ha atribuído grandes propiedades antisépticas, antiparasitas, hipotensivas o expectorantes. Además, una serie de estudios han demostrado que el ajo produce un bloqueo de la coagulación de la sangre, ya que provocan la inhibición de la agregación plaquetaria y uno de los elementos que lo caracterizan, como es el disulfuro de alilo, por su parte, podría provocar la destrucción del grupo Hemo, todo lo cual va a provocar que el enfermo de porfiria se sienta incómodo, si entra en contacto con el ajo.
→ Disociación emocional – mental por parte del paciente: este tipo de porfiria, de forma curiosa, no va a provocar la transformación de la sensación de bienestar, por parte del enfermo, aunque por el tipo de vida, que se ve obligado a llevar, es muy frecuente que se alteren sus facultades mentales, lo que va a poder explicar las obsesiones y crueldades, que se les atribuyen a los vampiros.
Como vemos, es lógico que, durante una época de nuestra historia, los enfermos de porfiria fueran confundidos con vampiros, o algo parecido.
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La porfiria y el vampirismo (III)


Continuamos con algunas de las características que son fáciles de reconocer en las “facies vampíricas”, que es uno de los síntomas que caracterizan a la porfiria.
Además, de todo lo dichos, anteriormente, con la acumulación de porfirinas, en la zona de los ojos, estos adquieren un color rojizo y en los dientes puede aparecer lo que se conoce como eritrodoncia, que es por el depósito porfírinico en la dentina.
→ Palidez extrema y ansiedad, a causa de la sangre: los defectos, en la producción de hemoglobina, va a producir anemia, con toda la sintomatología que lo caracteriza, de lo cual hay que destacar la palidez, en términos generales, tal y como puede leerse en cualquier obra clásica, que trate el mundo de los vampiros. Un tratamiento, a la hora de poder hacer frente a la anemia, son las transfusiones de sangre o del grupo Hemo, que no sólo sirven para poder mejorar la anemia, sino que son capaces de frenar la producción de porfirinas y muchos piensan que esta es la razón por la que, muchas personas afectadas por esta enfermedad, sientan verdadera ansiedad por la sangre. En la antigüedad, la terapia médica, para la anemias, incluía beber sangre de otro tipo de animales; pero, lo cierto es que los jugos digestivos lo acaban destruyendo y para tener algo de beneficio y que pueda absorberse una mínima parte del grupo Hemo, el paciente debería ingerir más cantidad, eso sí, a través de la vía intravenosa.
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La porfiria y el vampirismo (II)


A causa de lo que hemos dichos, en un artículo anterior, sobre la porfiria y la gran fotosensibilidad que se produce, a causa de la misma, se van a producir una serie de cambios. Cuando una persona que sufre la enfermedad, tiene contacto con la luz solar, va a sufrir un fuerte enrojecimiento, la piel se agrieta y sangra, se forman ampollas que se van a infectar, de una manera bastante rápida, lo que va a causar erosione y úlceras, que, en el momento de cicatrizar, van a dejar marcas e, incluso, pueden llegar a quedarse deformaciones en la zona, que se ve afectada. Por otro lado, el organismo, en un intento de poder proteger la piel del sol, va a desarrollar hirsutismo o un crecimiento anormal del vello en la frente, en los pómulos y en las extremidades y en algunas zonas que son inusuales, como pueden ser las palmas de las manos. Estos rasgos, por ejemplo, los encontramos en la novela de Drácula de Bram Stoker.
-Sufren de deformidades faciales, que se conocen como “Facies vampíricas”. Se produce cuando hay lesiones faciales, que son extensas, recidivantes y mutilantes, que pueden llegar a destruir los labios (podrían llegar a dejar la dentadura al descubierto, dando la apariencia de que los dientes son mucho más grandes, que unos dientes normales), los cartílagos de la nariz, lo que va a dejar los agujeros nasales al descubierto, de manera frontal. También, sucede en los auriculares, lo que va a dar, a las orejas, una apariencia puntiaguda.
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La porfiria y el vampirismo


Sobre todo, debemos hablar de la porfiria eritropoyética congénita o enfermedad de Günther, que es producida por una anomalía genética y es hereditaria, que se ha conocido, de manera popular, como “enfermedad de los vampiros”. Pero, aunque es una enfermedad rara y muy llamativa, no sirve para poder explicar los casos, de tipo epidémico, que tuvo lugar de vampirismo, ya que es muy poco frecuente o es muy raro que se diagnostique. Dicha enfermedad se caracteriza, desde un punto de vista bioquímico, por una alteración genética de la actividad de la enzima, que se encarga de metabolizar las porfirinas, pigmentos que son precursores del grupo Hemo, que es un componente de la hemoglobina, que se va a encargar del transporte del oxígeno en la sangre y le da su típico color rojo. Esta enfermedad va a tener un resultado: una acumulación, de forma excesiva, en los tejidos de dichas sustancias, lo cual se va a manifestar, desde un punto clínico, a través de una serie de síntomas, signos y complicaciones, que van a coincidir con las características que diferenciaban a los vampiros, teniendo el folclore como base. Estas características son:
→ Gran fotosensibilidad: A través del depósito de porfirinas en la piel va a producir una hipersensibilidad a la luz de 400 o más nm de longitud de onda, lo que va a provocar un proceso de producción de peróxidos que, a llegar a liberarse el oxígeno atómico en los tejidos, va a provocar la destrucción de la célula.
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