Mostrando entradas con la etiqueta vampirismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta vampirismo. Mostrar todas las entradas

jueves, 12 de abril de 2012

Enfermedades que se confundieron con el vampirismo (III)


La anemia tenía una serie de características, que son las mismas que caracterizaban a un vampiro. Así, una persona que sufría de anemia, tenía una piel con una palidez muy severa, además de una fatiga muy intensa, una respiración entrecortada y mucho cansancio, síntomas y signos clínicos que se podrían explicar como una enfermedad, que no tenía que ver con la pérdida de sangre, sino que podría ser una muestra de un cuadro de desnutrición, ya sea por la falta de una alimentación recomendable, a causa de alguna enfermedad o por las carencias, que eran comunes, en un momento histórico, donde en Europa se vivían muchas guerras; pero, no tenía nada que ver con los ayunos, que podrían llevarse a cabo por motivos religiosos, que tenían un objetivo claro: poder purgar los pecados y estar libre del peligro de algunas enfermedades, como podía ser la peste.
-> La rabia. Sin duda, la gran enfermedad que se confundía con el vampirismo. La rabia, era una infección viral del Ssitema Nervioso. Es la gran enfermedad transmisible, que se podría explicar, desde un punto de vista científico, con el mito del vampiro, sobre todo, por que su auge, a lo largo del continente europeto, van a coincidir con las grandes epidemias de dicha afección, a lo largo de los siglos XVI y XVII, sobre todo, en Hungría, a lo largo de los años 1721 y 1728.
Foto: fuente

Enfermedades que se confundieron con el vampirismo (II)


Continuamos con otras enfermedades que, a causa del desconocimiento, unido a las ideas religiosas y a la superstición, hizo que las personas creyeran en la existencia de los vampiros, no de una enfermedad, como era en realidad.
→ El carbunco o antrax. Estamos hablando de una enfermedad, que era muy contagiosa, que era capaz de causar graves epidemias, que se producían a causa del Bacillus anthracis, que podía transmitirse de los animales al hombre, que tenían unos síntomas muy parecidos a los de los vampiros. Los afectados de dicha enfermedad sufrían de fiebre alta, una sed muy fuerte, convulsiones, les costaba respirar y sufrían alucinaciones, que eran causadas por la falta de oxígeno, con una sensación de asfixia, que provocaba que pensara que estaba siendo estrangulado a mano de un vampiro.
→ La anemia. Estamos hablando de una enfermedad, que es muy clásica, ya que suele estar asociada con las anteriores, que consiste en una falta en la cantidad o calidad de los glóbulos rojos de la sangre, que se encargan de transportar el oxígeno, por todas las partes del cuerpo. Con estos datos, se explica que se pensara que la afectación tenía lugar entre los vecinos y familiares, que eran cercanos a la persona acusada de ser un vampiro.
Foto: fuente

Enfermedades que se confundieron con el vampirismo


A lo largo de los siglos, han existido una serie de enfermedades que, por desconocimiento de las personas, por la falta de conocimientos y por las ideas religiosas, eran confundidas con el vampirismo, como podían ser:
→ La peste. La peste es una enfermedad infecciosa, que es producida por la Yersinia pestis y que es transmitida por las pulgas de las ratas y otro tipo de roedores, lo que hace que sea mucho más fácil que se pueda explicar, que la epidemia de peste, durante la edad media, se pudiera confundir con una epidemia de vampirismo. Este fenómeno, por ejemplo, se describe muy bien, como trasfondo de la historia principal de un vampiro en obras de séptimo arte, como puede ser Nosferatu de Murnau o de Herzog. A lo largo del siglo XIV, sobretodo en la zona de Prusia oriental, Bohemia y Silesia, para poder evitar el contagio de víctimas de la enfermedad, se decidía enterrar a las víctimas, de manera prematura, sin que se hubiera constatado la muerte clínica. Muchas de las víctimas, incluso, eran enterradas vivas, lo que hacía que sufrieran una larga y dura agonía. Se realizaban heridas, a sí mismos, en un intento de escapar de las tumbas, donde eran enterrados. No era raro, de esta manera, que en el momento de la exhumación se encontrasen cadáveres conservados y que tenían manchas de sangre, lo que hacía que la imaginación supersticiosa creara la idea de que tenían la condición de vampiros.
Foto: fuente

El vampirismo (II)


Muchos pacientes con este tipo de trastorno han sido diagnosticado por parte de psiquiatras o psicólogos, como un tipo de psicóticos o esquizofrénicos, aunque otros lo consideran como una enfermedad particular con síntomas, signos y patogenia, que son propios, lo que se han llamado como Síndrome de Renfield. En algunos casos, los pacientes, niegan que exista un carácter erótico o una connotación sexual en la experiencia de beber sangre, ya que atribuyen, dentro de su delirio, que su conducta es por la necesidad de poder mantenerse vital y muy activos, solamente, a partir de la sangre, rasgos que muchas personas lo señalan como un síntoma de esquizofrenia de tipo residual o de tipo indiferenciado. En ciertos casos de vampirismo en grupo, no violento, con donadores pasivos, que lo hacen de manera voluntaria, el diagnostico va a ser el sadomasoquismo. Se deben diferenciar los comportamientos sociopáticas y los rituales sangrientos, que va a caracterizar a algunas sectas religiosas, como pueden ser los seguidores de la diosa Kali, en la India.
Foto: fuente

La porfiria y el vampirismo (V)


Y, terminamos con la última característica de la enfermedad de la porfiria.
Es cierto que la porfiria no va a explicar las epidemias de vampiro, pero se suele asociar con el mito, a causa de su prevalencia entre grupos poblacionales, que son cerrados; o, entre familias endogámicas, a causa de su mecanismo de transmisión genética, que se basan en el derecho de pernada, que era muy frecuente dentro de las sociedades feudales, lo cual provocaba que se transmitiese el material genético del noble señor feudal, que estaba afectado de porfiria, a las familias de sus siervos o del pueblo llano, lo que provocaba varios casos, en el mismo periodo y con bastante frecuencia y que era la explicación de la prevalencia en el entorno familiar del supuesto vampiro. Pero, también, entre las diversas variedades de la porfiria (sobretodo, en el caso de la aguda intermitente, variegata y coproporfiria) se podría desencadenar una crisis, a causa de la ingesta de alcohol o por sufrir un estrés intenso , lo que llevaría a confundirse con el vampirismo, dentro del mundo de las supersticiones y entre las poblaciones crédulas, sobre la existencia de los vampiros.
Foto: fuente

La porfiria y el vampirismo (IV)


Continuamos con algunos de los signos de la enfermedad de la porfiria, que hacía que se confundiera con el vampirismo. Así, tenemos otras características:
→ Sufrir intolerancia al ajo. Esta hortaliza, que es un elemento clásico a la hora de destruir a los vampiros, para poder ahuyentarlos, que se suele usar desde antiguo, ya que, siempre, se le ha atribuído grandes propiedades antisépticas, antiparasitas, hipotensivas o expectorantes. Además, una serie de estudios han demostrado que el ajo produce un bloqueo de la coagulación de la sangre, ya que provocan la inhibición de la agregación plaquetaria y uno de los elementos que lo caracterizan, como es el disulfuro de alilo, por su parte, podría provocar la destrucción del grupo Hemo, todo lo cual va a provocar que el enfermo de porfiria se sienta incómodo, si entra en contacto con el ajo.
→ Disociación emocional – mental por parte del paciente: este tipo de porfiria, de forma curiosa, no va a provocar la transformación de la sensación de bienestar, por parte del enfermo, aunque por el tipo de vida, que se ve obligado a llevar, es muy frecuente que se alteren sus facultades mentales, lo que va a poder explicar las obsesiones y crueldades, que se les atribuyen a los vampiros.
Como vemos, es lógico que, durante una época de nuestra historia, los enfermos de porfiria fueran confundidos con vampiros, o algo parecido.
Foto: fuente

La porfiria y el vampirismo (III)


Continuamos con algunas de las características que son fáciles de reconocer en las “facies vampíricas”, que es uno de los síntomas que caracterizan a la porfiria.
Además, de todo lo dichos, anteriormente, con la acumulación de porfirinas, en la zona de los ojos, estos adquieren un color rojizo y en los dientes puede aparecer lo que se conoce como eritrodoncia, que es por el depósito porfírinico en la dentina.
→ Palidez extrema y ansiedad, a causa de la sangre: los defectos, en la producción de hemoglobina, va a producir anemia, con toda la sintomatología que lo caracteriza, de lo cual hay que destacar la palidez, en términos generales, tal y como puede leerse en cualquier obra clásica, que trate el mundo de los vampiros. Un tratamiento, a la hora de poder hacer frente a la anemia, son las transfusiones de sangre o del grupo Hemo, que no sólo sirven para poder mejorar la anemia, sino que son capaces de frenar la producción de porfirinas y muchos piensan que esta es la razón por la que, muchas personas afectadas por esta enfermedad, sientan verdadera ansiedad por la sangre. En la antigüedad, la terapia médica, para la anemias, incluía beber sangre de otro tipo de animales; pero, lo cierto es que los jugos digestivos lo acaban destruyendo y para tener algo de beneficio y que pueda absorberse una mínima parte del grupo Hemo, el paciente debería ingerir más cantidad, eso sí, a través de la vía intravenosa.
Foto: fuente

La porfiria y el vampirismo (II)


A causa de lo que hemos dichos, en un artículo anterior, sobre la porfiria y la gran fotosensibilidad que se produce, a causa de la misma, se van a producir una serie de cambios. Cuando una persona que sufre la enfermedad, tiene contacto con la luz solar, va a sufrir un fuerte enrojecimiento, la piel se agrieta y sangra, se forman ampollas que se van a infectar, de una manera bastante rápida, lo que va a causar erosione y úlceras, que, en el momento de cicatrizar, van a dejar marcas e, incluso, pueden llegar a quedarse deformaciones en la zona, que se ve afectada. Por otro lado, el organismo, en un intento de poder proteger la piel del sol, va a desarrollar hirsutismo o un crecimiento anormal del vello en la frente, en los pómulos y en las extremidades y en algunas zonas que son inusuales, como pueden ser las palmas de las manos. Estos rasgos, por ejemplo, los encontramos en la novela de Drácula de Bram Stoker.
-Sufren de deformidades faciales, que se conocen como “Facies vampíricas”. Se produce cuando hay lesiones faciales, que son extensas, recidivantes y mutilantes, que pueden llegar a destruir los labios (podrían llegar a dejar la dentadura al descubierto, dando la apariencia de que los dientes son mucho más grandes, que unos dientes normales), los cartílagos de la nariz, lo que va a dejar los agujeros nasales al descubierto, de manera frontal. También, sucede en los auriculares, lo que va a dar, a las orejas, una apariencia puntiaguda.
Foto: fuente

La porfiria y el vampirismo


Sobre todo, debemos hablar de la porfiria eritropoyética congénita o enfermedad de Günther, que es producida por una anomalía genética y es hereditaria, que se ha conocido, de manera popular, como “enfermedad de los vampiros”. Pero, aunque es una enfermedad rara y muy llamativa, no sirve para poder explicar los casos, de tipo epidémico, que tuvo lugar de vampirismo, ya que es muy poco frecuente o es muy raro que se diagnostique. Dicha enfermedad se caracteriza, desde un punto de vista bioquímico, por una alteración genética de la actividad de la enzima, que se encarga de metabolizar las porfirinas, pigmentos que son precursores del grupo Hemo, que es un componente de la hemoglobina, que se va a encargar del transporte del oxígeno en la sangre y le da su típico color rojo. Esta enfermedad va a tener un resultado: una acumulación, de forma excesiva, en los tejidos de dichas sustancias, lo cual se va a manifestar, desde un punto clínico, a través de una serie de síntomas, signos y complicaciones, que van a coincidir con las características que diferenciaban a los vampiros, teniendo el folclore como base. Estas características son:
→ Gran fotosensibilidad: A través del depósito de porfirinas en la piel va a producir una hipersensibilidad a la luz de 400 o más nm de longitud de onda, lo que va a provocar un proceso de producción de peróxidos que, a llegar a liberarse el oxígeno atómico en los tejidos, va a provocar la destrucción de la célula.
Foto: fuente